sábado, noviembre 22, 2008

Vida cotidiana y Situacionismo

La vida privada está privada de vida. Lo decía Guy Débord en su teorización de los actos de la vida cotidiana. Lucha contra el capitalismo y la división del trabajo: La especialización acaba con la vida de uno. El centro no es el trabajo sino las relaciones cotidianas. Para el capitalismo de consumo la vida es un camino hacia la muerte (hacia la "consumación" de la existencia), después de haber consumido las mercancías que nuestro grado de especialización productiva nos ha permitido.

Débord es más radical que Henri Lefébvre. No se trata de crear espacios para la cotidianidad, sino de hacer de lo cotidiano el centro de nuestra existencia.

El "fetichismo de la mercancía", tal y como lo explicaba Marx, es recogido por estos críticos para deslegitimar la sociedad capitalista de consumo.

Son familiares, para mí, estos pensamientos en torno a la reificación de los objetos consumibles. Jean Baudrillard, Jesús Ibáñez, siguen esta senda en sus reflexiones. La mercancía se enseñorea de lo humano y lo suplanta. El signo como eje de la vida social. Alienación del sujeto objetivado en el objeto. La publicidad como arma alienante del capital. El signo suplantando a la razón: consumir para morir, vivir para consumir. Círculo trágico que reduce lo cotidiano a farsa de la existencia.

martes, noviembre 18, 2008

La humanidad ilegal


La humanidad ilegal que llega a Europa, si no se queda por el camino (los datos de Amnistía Internacional son espantosos: seis mil personas muertas o desaparecidas en 2006), se encuentra cada vez con más muros y humillaciones. La estrategia de la Unión Europea es limitar la entrada de gente del Sur todo lo posible. Para que los Estados mantengan su imagen democrática y no se les pueda reprochar su agresión a los derechos humanos, la UE está destinando un presupuesto importante a la "coooperación" con los países de origen de los migrantes legales. Sin embargo, esta acción tan humanitaria recurre a procedimientos que pueden ser sospechosos de todo lo contrario a lo que se pretende: vulneración de derechos, trato degradante a las personas, represión y criminalización, concentracionismo fascista, etc.


Las bases-campos de concentración que la UE está promoviendo en África, con la colaboración de los Estados del Magreb, o el fuerte carácter de control social represivo y de desprecio a los derechos humanos que despliegan sus medios: patrulleras, helicópteros, centros de
internamiento, son testimonio de la deriva inhumana de las instituciones europeas.


Las fronteras se refuerzan y los inmigrantes son tratados como delincuentes: La inmigración acaba entrando en el marco paradigmático del Estado Penal, de las políticas y medidas que se aplican a los desperdicios humanos, a los residuos que ya no encuentran lugar en ningún espacio del planeta (Zygmunt Bauman).

domingo, noviembre 02, 2008

La superioridad del capitalismo


Por Santiago Alba Rico

¿Qué es una crisis capitalista?

Veamos en primer lugar lo que no es una crisis capitalista.

Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.

Que haya 4 750 millones de pobres en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.

Que haya 1 000 millones de desempleados en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.

Que más del 50% de la población mundial activa esté subempleada o trabaje en precario, eso no es una crisis capitalista.

Que el 45% de la población mundial no tenga acceso directo a agua potable, eso no es una crisis capitalista.

Que 3 000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos, eso no es una crisis capitalista.

Que 113 millones de niños no tengan acceso a educación y 875 millones de adultos sigan siendo analfabetos, eso no es una crisis capitalista.

Que 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables, eso no es una crisis capitalista.

Que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, eso no es una crisis capitalista.

Que 16 306 especies estén en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos, no es una crisis capitalista.

Todo esto ocurría antes de la crisis. ¿Qué es, pues, una crisis capitalista? ¿Cuándo empieza una crisis capitalista?

Hablamos de crisis capitalista cuando matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4 700 millones, condenar al desempleo o la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, derretir los polos, denegar auxilio a los niños y acabar con los árboles y los osos, ya no es suficientemente rentable para 1 000 empresas multinacionales y 2 500 000 de millonarios.

Lo que demuestra la superior eficacia y resistencia del capitalismo es que todas estas calamidades humanas que habrían invalidado cualquier otro sistema económico no afectan a su credibilidad ni le impiden seguir funcionando a pleno rendimiento. Es precisamente su indiferencia mecánica la que lo vuelve natural, invulnerable, imprescindible. El socialismo no sobreviviría a este desprecio por el ser humano, como no sobrevivió en la Unión Soviética, porque está pensado precisamente para satisfacer sus necesidades; el capitalismo sobrevive y hasta se robustece con las desgracias humanas porque no está pensado para aliviarlas. Ningún otro sistema histórico ha producido más riqueza, ningún otro sistema histórico ha producido más destrucción. Basta considerar en paralelo estas dos líneas la de la riqueza y la de la destrucción para ponderar todo su valor y toda su magnificencia. Esta doble tarea, que es la suya, la hace mejor que nadie y en ese sentido su triunfo es inapelable: q ue haya cada vez más alimentos y cada vez más hambre, más medicinas y más enfermos, más casas vacías y más familias sin techo, más trabajo y más parados, más libros y más analfabetos, más derechos humanos y más crímenes contra la humanidad.

¿Por qué tenemos que salvar eso? ¿Por qué tiene que preocuparnos la crisis? ¿Por qué nos conviene encontrarle una solución? Las viejas metáforas del liberalismo se han revelado todas mendaces: la “mano invisible” que armonizaría los intereses privados y los colectivos cuenta monedas en una cámara blindada, el “goteo” que irrigaría las capas más bajas del subsuelo apenas si es capaz de llenar el cuenco de una mano, el “ascensor” que bajaría cada vez más de prisa a rescatar gente de la planta baja se ha quedado con las puertas abiertas en el piso más alto. Las soluciones que proponen, y aplicarán, los gobernantes del planeta aceptan, en cualquier caso, la lógica inmanente del beneficio ampliado como condición de supervivencia estructural: privatización de fondos públicos, prolongación de la jornada laboral, despido libre, disminución del gasto social, desgravación fiscal a los empresarios. Es decir, si las cosas no van bien es porque no van peor. Es decir, si no son rentables 950 millones de hambrientos, habrá que doblar la cifra. El capitalismo consiste en eso: antes de la crisis condena a la pobreza a 4 700 millones de seres humanos; en tiempos de crisis, para salir de ella, solo puede aumentar las tasas de ganancia aumentando el número de sus víctimas. Si se trata de salvar el capitalismo con su enorme capacidad para producir riqueza privada con recursos públicos debemos aceptar los sacrificios humanos, primero en otros países lejos de nosotros, después quizá también en los barrios vecinos, después incluso en la casa de enfrente, confiando en que nuestra cuenta bancaria, nuestro puesto de trabajo, nuestra televisión y nuestro ipod no entren en el sorteo de la superior eficacia capitalista. Los que tenemos algo podemos perderlo todo; nos conviene, por tanto, volver cuanto antes a la normalidad anterior a la crisis, a sus muertos en-otra-parte y a sus desgraciados sin-ninguna-esperanza.

Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona, sin duda, perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo. Y el problema es que esta crisis reveladora, potencialmente aprovechable para la emancipación, alcanza a una población sin conciencia y a una izquierda sin una alternativa elaborada. Se equivoque o no Wallerstein en su pronóstico sobre el fin del capitalismo, tiene razón, sin duda, en el diagnóstico antropológico. En un mundo con muchas armas y pocas ideas, con mucho dolor y poca organización, con mucho miedo y poco compromiso el mundo que ha producido el capitalismo la barbarie se ofrece mucho más verosímil que el socialismo.

Por eso hay que auparse en los islotes de conciencia y en los grumos de organización. Cuba bloqueada, Cuba azotada por los vientos, Cuba pobre, Cuba incómoda, Cuba a veces equivocada, Cuba improvisada, Cuba disciplinada, Cuba resistente, Cuba ilustrada, Cuba siempre humana, mantiene abierta una tercera vía, hoy más necesaria que nunca, entre el capitalismo y la barbarie. Si no podemos ayudarla, podemos al menos ayudarnos a nosotros mismos pensando en ella con alivio y agradecimiento.

Fuente: La Jiribilla nº 391, Cuba