viernes, mayo 22, 2009

Berlusconismo

El sociólogo Joaquín Sempere escribe en Público un artículo titulado “Populismo de nuevo tipo”. En él denuncia las artimañas de poder utilizadas por el presidente italiano Silvio Berlusconi, cada vez más descarnadamente fascistas y racistas, pero también sugiere el articulista, que esto del berlusconismo puede convertirse en tendencia dominante en otros países, sobre todo en aquellos que tienen una cultura política democrática débil, como es el caso de España. Destaco el siguiente párrafo del artículo:

El berlusconismo, como dice Paolo Flores, no es fascismo clásico. Invoca valores típicamente individualistas y burgueses: éxito individual en los negocios, supremacía del dinero, enriquecimiento sin límites. Tampoco utiliza la intimidación de los escuadrones de camisas negras, pardas o azules, sino la intimidación del dinero, la corrupción, las listas negras: compra todo lo comprable. Pero, por detrás de estas diferencias nada desdeñables, se agazapa el mismo cinismo, la misma prepotencia y el mismo desprecio de los derechos humanos y la democracia. ¿Neofascismo? ¿Populismo de derechas? No importa la etiqueta, lo importante es que Europa –y otras sociedades ricas– están amenazadas en sus libertades. Hay varios proyectos, distintos aunque emparentados, para desvirtuar las libertades o acabar con ellas, para socavar derechos arduamente conquistados, para destruir la noción y la práctica de la ciudadanía y convertir al máximo número de personas en ignorantes despolitizados, atentos sólo a consumir y aplaudir o abuchear el ininterrumpido espectáculo en que se transmuta la realidad por obra de unos medios de difusión manipuladores.


El párrafo no tiene ningún desperdicio. Tras él se puede intuir, de una forma muy diáfana, hacia donde caminan las sociedades políticas europeas bajo el régimen capitalista.

En primer lugar, deberíamos precisar el concepto de “fascismo” que a veces se aplica, con ligereza (aunque no sin razón) a las actitudes de los poderes públicos y privados. Efectivamente, el comportamiento de los poderosos cada vez se parece más, por su autoritarismo, a los viejos fascismos europeos de los años 20-40 del siglo XX; sin embargo, y como muy bien analiza Boaventura de Sousa Santos, hoy el fascismo no circula sólo de arriba abajo, de las elites políticas y económicas hacia la masa amorfa y confusa, sino que se expande también horizontalmente, a través de las relaciones profundamente individualizadas, que han perdido de vista las referencias políticas democráticas que permitieron que el mundo humano avanzara en estos últimos doscientos años. Es el fascismo social. El fascismo se instala hoy en todos los intersticios de la sociedad: en nuestro ámbito laboral, en las relaciones familiares, en la calle, etc. Y en todos estos ámbitos el poder del individuo se impone sobre el de las relaciones; la capacidad adquisitiva, sobre la capacidad afectiva; la insana pasión visceral sobre la saludable pasión política. El suelo democrático pierde su contextura y su grosor y debajo queda la nada, el vacío de la cuerda floja, donde los individuos se empujan unos a otros con tal de no precipitarse al abismo.

En segundo lugar, la respuesta política ante este deterioro de la vida social en todas sus escalas, se llama “populismo”. Es una feroz corriente de derechas, corrupta, racista, acaparadora de todo bien público, que se alimenta de las inseguridades y miedos de estos individuos “en el aire”, para expandir aún con más fuerza el temor y el odio al otro, el ejercicio del totalitarismo en nombre de la seguridad. Este populismo de raíz fascista se enmascara convenientemente, ofreciendo a los individuos una libertad ilusoria que pasa por ignorar los principios más básicos del vínculo social, las normas más elementales de la solidaridad interhumana. Aquí se encuentra la raíz de un nuevo racismo, mezcla del viejo racialismo decimonónico, el odio de clase a los grupos excluidos y el individualismo extremo.

En tercer lugar, esta nueva modalidad política (despolitizada o post-política, como apuntan, entre otros, Jacques Ranciére y Slavoj Zizek) se fija como meta adelgazar derechos humanos fundamentales, adquiridos durante los dos últimos siglos. El berlusconismo se está haciendo experto en identificar enemigos políticos y evitar su proliferación antes de que consigan la fuerza mínima para cuestionar su hegemonía. La arquitectura del poder europeo, férreamente sostenida por estas nuevas figuras de la irracionalidad más amenazante, no puede permitir la más mínima fisura en su estructura, sabiendo lo deletéreo de su construcción. De ahí que esté surgiendo con fuerza la imagen del “enemigo interior”, en forma de “terrorista”, “antisistema”, “delincuente”…

Estos días se asiste en el Estado español a la escenificación de una opereta que se alimenta, en el fondo, de estas premisas: la impugnación de una candidatura de izquierdas (de la izquierda no oficial, resistente y disidente) a las elecciones europeas, que tiene como bandera la defensa de los derechos humanos, individuales y colectivos y la lucha contra las injusticias (Iniciativa Internacionalista-Solidaridad entre los pueblos, II-SP). Los integrantes de esta lista han sido sometidos a escarnio público por los principales medios de comunicación, acusados por el gobierno español de connivencia con el “terrorismo” y la “violencia” y de estar manejados sin pudor por la organización vasca ETA. Las principales figuras individuales de esta diana, de las que se ha sospechado todo tipo de connivencias con el mal absoluto, son dos destacadas personas, con una trayectoria personal que podrían envidiar quienes les condenan. Alfonso Sastre y Doris Benegas han recibido un trato humillante e inquisitorial por parte de la derecha de siempre y de la izquierda sistémica, a través de los amplificadores de la orquesta mediática española. Pero estas dos figuras revolucionarias de la cultura y la política están tan acostumbradas ya al vilipendio que su coraje se acrece con tanto insulto, tanto falso testimonio, tanto juicio condenatorio. Sastre es el mejor dramaturgo de lo que se denomina cultura española en, al menos, el último siglo (y, tal vez, uno de los dramaturgos vivos más importantes del mundo, como apunta Santiago Alba Rico). Nacido en Madrid, hijo de un murciano y de una salmantina y afincado en el País Vasco, bien podría ser un legítimo representante de esa cultura con eñe que con tanto despliegue propagandístico difunde por el mundo la corona española y las principales instituciones del Estado. Pero no, el genial escritor es un peligro público, un persistente (a fuer de su ancianidad) defensor del terrorismo, la violencia, el radicalismo político y hasta, para algunos, un desgraciado comunista, incapaz de ver más allá del telón de acero. De Doris se ha dicho y escrito de todo, además de sacar a relucir que es hermana de un conocido dirigente del partido socialista obrero español. Se ha difundido su terrorífica imagen de encarnación del diablo, trofeo codiciado para cualquier santo oficio, pues ella sola acumula todas las maldades de que en otra época se acusaba a las brujas en Europa. Pero esta mujer, muy lejos de esta representación malévola, es una de las luchadoras más destacadas del tardofranquismo y postfranquismo español. Símbolo de orgullo para todos los perdedores de esta tardopolítica del conchaveo y de acerada desigualdad social, Benegas ha encabezado revueltas, movimientos políticos y sociales, contra todas las injusticias imaginables, entre las que no se pueden dejar de mencionar aquellas que afectan a la mitad de la población: las mujeres.


Hoy, la máxima instancia judicial española (el Tribunal Constitucional) Ha reconocido a II-SP el derecho a concurrir a las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 7 de junio. El berlusconismo retrocede momentáneamente. Ahora, acumulemos fuerzas: contra el fascismo, el racismo, el populismo berlusconista. La presencia de Iniciativa Internacionalista en este proceso electoral es una buena noticia para quienes creemos que la izquierda debe movilizarse y construir alternativas a la crisis sistémica que atenaza al capitalismo y ahoga a las clases populares. Hagamos, como propone Joaquín Sempere en su artículo, un "ejercicio intelectual" para desvelar y denunciar los rasgos del populismo reaccionario que se ha instalado en el reino de España y reflexionemos sobre la necesidad de articular un movimiento de izquierda que evite la berlusconización de nuestros pueblos.

Manifiesto de Iniciativa Internacionalista


Estamos asistiendo a la mayor crisis del capitalismo de los últimos ochenta años, y de nuevo los gobiernos de la Unión Europea quieren que paguen sus consecuencias los trabajadores y los sectores populares. En toda Europa, los despidos, los expedientes de regulación de empleo y la no renovación de contratos se convierten diariamente en el drama de millones de personas condenadas al paro, el desahucio y la miseria.

Los gobiernos europeos expolian el erario público para rescatar a los banqueros y ayudar a las grandes empresas, mientras el desempleo crece sin cesar. Es la Europa de las privatizaciones, del Plan Bolonia para mercantilizar la enseñanza superior, de la Directiva Bolkenstein o de la Directiva del Retorno contra los trabajadores inmigrantes, que alienta la xenofobia y el racismo.

La crisis actual, como no podía ser de otra manera, además de sus consecuencias económicas y sociales, está dando lugar a importantes transformaciones políticas, que se verán intensificadas en un futuro próximo.

En el caso del Estado español, la crisis, la global y la propia, están contribuyendo a dejar definitivamente al descubierto las carencias del Gobierno de Rodríguez Zapatero y del régimen borbónico surgido del llamado proceso de "transición": corrupción generalizada, uso de la represión legal o ilegal como forma recurrente de afrontar los conflictos sociales y políticos con los sectores populares, precariedad de los servicios sociales, colapso de los sistemas educativos...

Muy especialmente, afloran las gravísimas carencias democráticas de un régimen cuyo Jefe de Estado, Juan Carlos I, fue impuesto por Franco, régimen que, en consonancia con esta situación aberrante, es incapaz de elaborar una ley de la memoria histórica que reconozca la realidad de la resistencia antifascista de nuestros pueblos.

Existe una corriente involucionista, neofascista, impulsada por sectores poderosos del capitalismo español y su entramado institucional y mediático, que tiene dos caras: la "moderna", cuya expresión más significativa es la UpyD, y la ''tradicional'', cuya punta de lanza es la Conferencia Episcopal Española. Dicha corriente involucionista, con sus diversas expresiones, es la que en este momento está orientando la estrategia de fondo del bloque dominante español, incluido el Gobierno del Estado. Una estrategia que se materializa, entre otras cosas, en la alianza PP-PSOE para conseguir el gobierno vascongado con un objetivo claro: la españolización de ese territorio.

Al otro lado estamos las fuerzas soberanistas e independentistas de izquierdas, las fuerzas políticas de la izquierda estatal respetuosas con los derechos nacionales de los diversos pueblos oprimidos por el Estado español, así como importantes movimientos sociales y sindicales, entre los que destacan el movimiento antifascista; el movimiento contra la privatización de la sanidad, la educación y los servicios públicos; las luchas obreras contra los EREs y despidos; la lucha de los estudiantes contra el Plan Bolonia; los movimientos de mujeres... A su vez, algunos de estos movimientos sociales tienen una importante articulación nacional-popular, especialmente en los pueblos en donde el proceso político soberanista está más avanzado.

Consideramos que existe la suficiente capacidad como para orientar en un sentido anticapitalista y democrático ese deseo cada vez mas extendido de cambio radical, aunque hoy por hoy dicha capacidad tenga un desarrollo desigual en nuestras respectivas naciones.

Partiendo de esta valoración, impulsamos este manifiesto, cuyos ejes básicos son:

* Justicia social. Que la crisis la paguen quienes la han provocado: los capitalistas. El capitalismo español tiene unos rasgos especialmente agresivos, como la tremenda precariedad laboral, causa de la mayor tasa de paro y de empleo eventual de la UE. Y ahora la pretensión del sistema es dar una vuelta de tuerca más en lo relativo a la explotación y a los recortes sociales.Las gentes que apoyamos este manifiesto nos comprometemos a impulsar la movilización para frenar tales propósitos, exigiendo un plan de rescate de los trabajadores, sin temor a proponer para ello medidas anticapitalistas.
* Libertades democráticas plenas. Estamos comprobando cómo, paso a paso, se van recortado los ya de por sí limitados derechos civiles existentes, tales como el derecho a la no discriminación por razones ideológicas, de lengua y cultura, de edad o de género. El derecho a la libre expresión, el derecho a no ser represaliado, torturado o procesado por las propias ideas. El derecho a votar y ser votado. El Estado español no respeta la soberanía de las diversas naciones bajo su jurisdicción ni del conjunto de los pueblos. Existe un entramado jurídico- político creado en la transición que ha convertido al Estado en una cárcel de pueblos y de gentes, así como en un pozo de corrupción.
* No a la discriminación de género. Pero no como un mero enunciado formal y vacío de contenido, sino como una exigencia normativa, jurídica y práctica que posibilite realmente el fin de la discriminación. Lo cual incluye, entre otras cosas, el derecho y la posibilidad real de control de las mujeres sobre su cuerpo, su sexualidad y su capacidad reproductiva.
* Derechos políticos. Reivindicamos los derechos negados por el régimen actual, entre los que hay que destacar el derecho de todos los pueblos a decidir de forma soberana su futuro, y no como un hecho aislado sino como un derecho permanente, es decir el derecho de autodeterminación. El derecho de cada pueblo a decidir su forma de gobierno y a la normalización de su lengua y su cultura nacionales.
* Contra la Europa del capital. Estamos en contra de la Europa del capital y a favor de la Europa de los pueblos. Estamos en contra de la OTAN como expresión militar del imperialismo y, por tanto, exigimos la retirada del Estado español de dicha alianza militar. Estamos en contra de la especulación y el deterioro del medio ambiente. Estamos por la defensa de la soberanía alimentaria y de lo colectivo frente a lo privado.

Apoyamos los procesos soberanistas que se dan a nivel europeo, y asimismo expresamos nuestra solidaridad con los procesos de articulación patrióticos, antiimperialistas y de justicia social que tienen lugar en Latinoámerica, así como con los frentes de resistencia en Oriente Medio, y muy especialmente con la heroica lucha del pueblo Palestino. Desde una ferviente vocación internacionalista, apoyamos las luchas de todos los pueblos del mundo por su libertad y su dignidad.

Comisión promotora de la candidatura a Parlamento Europeo ''Iniciativa Internacionalista''

15 de abril de 2009