viernes, octubre 19, 2007

ISCRA Investigación cooperativa y rizomática

ISCRA es el acrónimo de Institut Social et Coopératif de Recherche Appliquée [Instituto Social y Cooperativo de Investigación Aplicada]. Creado en 1996, en la ciudad francesa de Montpellier, se ocupa desde una posición abiertamente pluridisciplinar y rizomática, de analizar e intervenir sobre la realidad social desde la sociología política en interacción con la acción pública. Sus principios fundadores descansan en la creación de colectivos de investigación amplios y pluridisciplinares alentados por la democratización de los saberes, la reflexividad epistemológica y la gestión participativa de la investigación, orientada a la reapropiación del espacio público de las políticas, promoviendo, asimismo, la circulación y la conflictualización de las ideas.
Iniciativas similares son muy necesarias en el Estado español, donde la práctica sociológica parece agonizar o consumirse estérilmente entre conciliábulos académicos, corsés burocráticos e indiferencia total de gobiernos e instituciones públicas.

miércoles, octubre 17, 2007

El poder de las transnacionales

Las empresas transnacionales (o multinacionales) se adueñan poco a poco de nuestras vidas. Constituyen los mayores conglomerados de poder en este mundo globalizado. Y a medida que concentran el control sobre el mundo, las desigualdades sociales se hacen más profundas, dramáticas y abarcadoras. Pero a la vez disminuye la capacidad de decisión democrática de la ciudadanía, pues las transnacionales desarrollan nuevos núcleos de poder e influencia social que se sustraen al control democrático. Hay una estrecha relación entre poder político y poder económico: ¿Hasta qué punto los Estados son instrumento de estas empresas? Vicenç Navarro considera equivocadas a las personas que argumentan que las empresas transnacionales erosionan la capacidad política de los Estados, pues a pesar de su alcance mundial, las multinacionales siguen teniendo un país como base, donde desarrollan sus estrategias de mundialización y sus políticas de investigación y desarrollo. Así se explicaría el poder de los Estados Unidos en el mundo: a través de su enorme aparato militar que respalda los intereses de sus empresas globales. La causa de las desigualdades sociales sigue siendo tan clasista como antaño. Como dice V. Navarro: la globalización es la internacionalización de la actividad económica bajo criterios liberales que benefician a las clases dominantes del Norte y del Sur a costa de los beneficios de las clases dominadas del Norte y del Sur.
La UNCTAD acaba de hacer público un informe en el que da cuenta de la imparable expansión económica de las empresas transnacionales. Estas empresas controlaron el año pasado el 84% de la inversión extranjera directa en todo el mundo, cuyos flujos aumentaron a nivel mundial un 38%. La influencia política de estas empresas también se constata en el informe, que reconoce el trato de favor que reciben en materia fiscal y en las facilidades para colocar sus inversiones. Pero países como Bolivia y Venezuela se están mostrando rebeldes con esta disciplina y no ocultan su rechazo al poder de las multinacionales.
Las 78 mil transnacionales existentes en todo el mundo controlan casi toda la producción de minerales, gas y petróleo.

miércoles, octubre 10, 2007

Leyes de excepción: ¿El fin del Estado de derecho?

Tras el 11-S se constata una y otra vez que las leyes de excepción contra los grupos terroristas amplian su abanico y afectan a todos los ciudadanos y ciudadanas. El sociólogo belga Jean-Claude Paye* ha investigado el modo en que las libertades ciudadanas van erosionándose con la disculpa del "terrorismo". Todos somos potenciales sospechosos y "enemigos" del imperio si no aceptamos la versión oficial del mundo.
Paye ha analizado las recientes "leyes antiterroristas" promulgadas en EEUU con el objetivo de desvelar la naturaleza del poder imperial: "No se puede hablar de poder democrático, dice, se ve una sociedad que ya va en marcha hacia la dictadura. Se ve que cada nueva medida adoptada es peor que la precedente. Las cosas están muy claras, pero se niegan a verlas tal como son". Pues la gente no quiere ver en este proceso la amenaza a su libertad, lo que constituye un fenómeno bastante novedoso. "La gente abandona al poder y a la maquinaria económica sus libertades; y en última instancia, vistos los problemas ecológicos y climáticos, también su supervivencia como especie viva". Estamos ante una dictadura de ámbito mundial y no un simple proceso de "fascistización" como el de los años 30 del pasado siglo. La gente ve estas "leyes antiterroristas" con una cierta ingenuidad (y un velo ideológico), justificándolas por la necesidad de "luchar contra el terrorismo", pero no se dan cuenta de que este despliegue jurídico se dirige en realidad contra las poblaciones del mundo. La lucha "antiterrorista" es una guerra contra las libertades, que constituye una primera etapa de una guerra contra las poblaciones. Algunas leyes penales desarrolladas en los EEUU tienen un carácter mundial y son, de hecho, "un acto de soberanía imperial", donde se confunde "la relación policial y la relación de guerra". "Es el establecimiento de una nueva forma de Estado mundial, que al integrar las funciones de policía y de guerra, lucha contra sus propias poblaciones".

Leer la entrevista a Jean-Claude Paye en la Red Voltaire.

*Jean-Claude Paye ha publicado recientemente dos libros: La fin de l'État de droite. La lutte antiterroriste: de l'état d'exception à la dictadure, Editions La Dispute, 2004 [El fin del Estado de Derecho. La lucha antiterrorista: del estado de excepción a la dictadura] y Global War on Liberty, Telos Press Publishing, 2007 [La guerra global contra la libertad, cuya versión castellana será publicada próximamente por la Editorial Hiru]

Des-democratización

Por Boaventura de Sousa Santos
Publicado en Visão – 13 septiembre 2007

Los regímenes democráticos son regímenes en movimiento. En realidad no hay democracia, sino procesos de des-democratización y de re-democratización. Lo que caracteriza a unos y a otros son las transformaciones que tienen lugar en los vínculos políticos que unen al Estado y a los ciudadanos comunes y los vínculos sociales que unen a los ciudadanos entre sí. Estos procesos nunca se limitan exclusivamente al Estado; también ocurren en la sociedad. Identificar los procesos dominantes en un momento dado es fundamental para tomar el pulso a la calidad de la vida política y social. Los factores que los condicionan varían de un país a otro, pero también se dan evoluciones convergentes a nivel internacional de las que es posible deducir el espíritu de la época. Las tres últimas décadas se caracterizan por un conflicto muy intenso entre procesos de democratización y de re-democratización, por un lado, y de des-democratización, por el otro. Al mismo tiempo que se democratizaron los sistemas políticos –Sur de Europa, años setenta, Europa Central y del Este, África y América Latina, años ochenta y noventa- se des-democratizaron las sociedades con el aumento de las desigualdades sociales, de la violencia y de la inseguridad pública.

Todo indica que este conflicto fue decidido a favor de los procesos de des-democratización que hoy, con la posible excepción de algunos países de América Latina, predominan en nuestro tiempo. Véanse las señales más evidentes. Cuando las desigualdades sociales se hacen más profundas, las políticas públicas, en vez de reducirlas, las ratifican. Ejemplos: eficacia fiscal centrada en las clases medias; precarización del empleo con los cambios en el derecho laboral que se vienen anunciando; la degradación del servicio nacional de salud. La protección de los ciudadanos y de los no ciudadanos contra actos arbitrarios del Estado o de otros centros de poder económico está disminuyendo. Ejemplos: el cierre de centros de salud sin tener en cuenta los costes sociales; el desempleo subsecuente a las deslocalizaciones de las empresas; la suspensión de la regularización de los inmigrantes. La falta de transparencia de las decisiones y la ausencia de control de los ciudadanos sobre las políticas públicas. Ejemplos: la corrupción endémica… ; el tráfico de influencias que domina las privatizaciones y las inversiones públicas… El aumento de la violencia y de la inseguridad pública. Ejemplos: el incomprensible desorden entre las fuerzas de seguridad; la pasmosa falta de modernización de los medios de investigación criminal ante un crimen cada vez más modernizado; la ausencia de criterios para organizar el Estado según una lógica territorial (servicios básicos) y una lógica operacional (servicios especializados) [en Portugal].

La des-democratización del Estado es paralela a la que ocurre en la sociedad. Se degradan las redes de confianza y de solidaridad, se medicaliza la soledad y la angustia; se reduce al mínimo la aspiración familiar (la decisión de no tener hijos); se eleva al máximo el estress familiar cuando hay criaturas de por medio y estas son las primeras víctimas. Si la sociedad políticamente organizada no actúa a favor de procesos de re-democratización, puede estar en peligro la supervivencia de la democracia. Lo que viene después no será una dictadura. Será una dictablanda o una democradura.



martes, octubre 09, 2007

Iraq

El mayor negocio de la guerra de Iraq es la guerra misma.
Lo dice el sociólogo Manuel Castells en el diario La Vanguardia, 6-octubre-2007.

40 años del asesinato del CHE

De la revista electrónica "Sin Permiso":
Un muerto que no para de nacer: en el cuadragésimo aniversario de la muerte del Che
Raúl Zibechi

Lejos de la opción ideológica o del "consumismo burgués", a 40 años de su muerte, para una porción significativa de jóvenes el Che parece representar la resistencia al conformismo.
Tiene sólo 20 años y ninguna camiseta con la imagen del Che en su ropero. Pero cuando tuvo que concurrir al programa de tevé Locos por Saber representando a su liceo, se decidió por el desafío. Pidió prestada una remera con la emblemática imagen a un amigo y se presentó con su mejor sonrisa ante las cámaras. "Fue por rebeldía", razona Yamandú. "El programa lo auspicia la secta Moon…". No hace falta dar más detalles. En las culturas juveniles las palabras sobran y las imágenes no necesitan explicaciones. La contundencia del gesto de Yamandú lo dice todo.
Entre los jóvenes la imagen del Che aparece asociada a una concepción mestiza de rebeldía, alejada de cualquier filiación política u opción partidaria. Quizá sea Maradona, con su Che tatuado en el hombro que enseña con desafiante orgullo, el mejor ejemplo de esa rebeldía espontánea lindante con el desafío. Para quienes suelen leer la vida en clave ideológica, ese mestizaje resulta incomprensible; condenable por ecléctico, poco sólido, incoherente. Sobre todo cuando la efigie del guerrillero parece intercambiable con la de personajes como Bob Marley, otro icono habitual de laos decorados juveniles, con quien comparte un aura de provocación y rechazo al doble discurso.
Maxi, 22 años, estudiante de sociología, tiene por el contrario una visión diferente del personaje que en forma de pegotín luce en su matera. "Es el símbolo de la revolución, de la entrega, del sacrificio por una causa", explica en un lenguaje que no ahorra conceptos. Este caso representa una inequívoca construcción que hace de la coherencia su razón de ser. Aún así, Maxi combina la ideología con los afectos, una combinación que se ha mostrado imbatible en el imaginario juvenil.
Entre ambos extremos, por decirlo así, viven muchos Che: desde la chica que enfatiza en la "estampa", hasta el "porque sí" incrédulo que no entiende porqué haría falta una lógica que explique un gusto, una opción estética o una afinidad política. Ahí radica, quizá, la fuerza de la imagen que Ernesto Guevara trasmite a generaciones que no vivieron el clima de confrontación de los sesenta y los setenta, pero tampoco conocen detalles de la vida del guerrillero, más allá del constante "murió peleando" o "dio la vida por sus ideas" que repiten unos y otras. Puede sospecharse, aunque es difícil encontrar quien lo formule de ese modo, que el Che es sentido como un héroe, más cultural que político, en el sentido partidario del término. De ahí que en tantos lugares aparezca junto a otros "héroes" vinculados a la música y al deporte, en general varones que vivieron a contramano de lo establecido.
En todo caso, preguntar a los jóvenes por razones a la hora de saber los motivos de una elección –como hizo este cronista- es casi herejía que se paga con indiferencia. El historiador peruano Alberto Flores Galindo observa en su país cómo la imagen del Che acompaña a las estampas del Señor de los Milagros o a la Virgen del Carmen. Concluye que se trata de "la reelaboración de un personaje histórico desde la cultura popular", lo que explica que se lo emparente con vírgenes y santos, y no de una herencia de los sesenta como en ocasiones se pretende. Quizá esa reelaboración popular explique porqué en el Río de la Plata, el Che aparece en las tribunas donde las barras bravas agitan banderas manyas o tricolores. Qué otra cosa podría ser el Che en estos pagos sino un icono asociado al fútbol.
Si fuera cierto que estamos ante una reelaboración popular-juvenil de un mito, asentado en un personaje histórico que en sólo cuatro décadas sobrevuela invicto desde la crisis del socialismo real hasta la dificultad de las izquierdas a la hora de cambiar el mundo, sólo sería comprensible desde el interior de esa cultura, desde sus códigos, modos y formas de vivir el presente. Es en este sentido que la expansión de la iconografía del Che no puede sorprender a nadie. ¿Podrían acaso los jóvenes mitificar algún futbolista cuando asistimos al estrepitoso fracaso del principal deporte nacional? Dicho de otro modo, ¿hay algo de heroico en nuestra sociedad, en sus gobernantes, en sus intelectuales, en sus artistas, que merezca convertirse en icono, en representación de los sueños de los adolescentes? Mientras esto siga siendo así, y quizá aún aunque cambie, la imagen del Che seguirá sonriendo en el imaginario juvenil.


Raúl Zibechi es un analista político uruguayo que escribe en diversos periódicos latinoamericanos de izquierda, como el uruguayo Brecha y el mexicano La Jornada

Alai, 6 octubre 2007

viernes, octubre 05, 2007

El estado del mundo según tres interrogantes



Boaventura de Sousa Santos
Inquérito Jornal de Letras
Traducido por Àlex Tarradellas

Vivimos en un mundo de preguntas fuertes y respuestas débiles. Las preguntas fuertes son las que se dirigen no sólo a nuestras opciones de vida individual y colectiva, sino sobre todo a las raíces, a los fundamentos que crearon el horizonte de las posibilidades entre lo que es posible optar. Por eso, son preguntas que causan una perplejidad especial. Las respuestas débiles son las que no consiguen reducir esa perplejidad y que, por lo contrario, la pueden aumentar. Las preguntas y las respuestas varían de cultura a cultura, de región del mundo a región del mundo. Pero la discrepancia entre la fuerza de las preguntas y la debilidad de las respuestas parece ser común. Resulta de la multiplicación en tiempos recientes de las zonas de contacto entre culturas, religiones, economías, sistemas sociales y políticos y formas de vida diferentes en resultado de lo que llamamos vulgarmente globalización. Las asimetrías de poder en esas zonas de contacto son hoy tan grandes como lo eran en el periodo colonial, si no mayores. Pero hoy son mucho más vastas y numerosas. La experiencia del contacto es siempre una experiencia de límites y de fronteras. En las condiciones de hoy, ésta es la que suscita la discrepancia entre las preguntas fuertes y las respuestas débiles.

Entre muchas otras, selecciono tres interrogantes fuertes. El primero puede formularse así: si la humanidad es sólo una, ¿por qué hay tantos principios diferentes sobre la dignidad humana, todos pretendidamente únicos, y, a veces, contradictorios entre sí? En la raíz de este interrogante está la constatación, hoy cada vez más inequívoca, de que la comprensión del mundo excede en mucho la comprensión occidental del mundo. El regreso de la teología política (islamismo, hinduismo y cristianismo políticos) en las tres últimas décadas ha conferido una premiosidad especial a este interrogante, dado que los monopolios religiosos tienden a fomentar extremismos tanto entre los miembros de las diferentes religiones, como entre los que luchan contra ellos. La respuesta dominante a este interrogante son los derechos humanos. Es una respuesta débil porque se refugia en una universalidad abstracta (un particularismo occidental) y no explica por qué razón tantos movimientos sociales contra la justicia y la opresión no formulan sus luchas en términos de derechos humanos y, a veces, por más inri, las formulan según principios que son contradictorios con los de los derechos humanos.

Este interrogante se desdobla en otro. ¿Cuál es el grado de coherencia exigible entre los principios, cualesquiera que sean, y las prácticas que tienen lugar en nombre de ellos? Este interrogante asume una premiosidad especial en las zonas de contacto porque es en éstas que los principios intentan ocultar más sus discrepancias con las prácticas y que éstas se revelan con más brutalidad, siempre que la ocultación no tiene éxito. También aquí la respuesta de los derechos humanos es débil. Se limita a aceptar como natural o inevitable que la reiterada afirmación de los principios no pierda credibilidad con la cada vez más sistemática y agresiva violación de los derechos humanos por parte tanto de actores estatales, como no estatales. Continuamos yendo a las ferias de innovación de la industria de los derechos humanos (global compact, programas de lucha contra la pobreza, objetivos del milenio, etc.), pero, a medio camino, tenemos que pasar por un cementerio cada vez más inabarcable de promesas traicionadas.

El segundo interrogante es éste: si la legitimidad del poder se asienta en el consenso de los ciudadanos, ¿cómo garantizar este último cuando se agravan las desigualdades sociales y se vuelven más visibles las discriminaciones sexuales, étnico-raciales, y culturales? Las respuestas dominantes son dos y son igualmente débiles: la democracia representativa y el multiculturalismo. La democracia representativa es una respuesta débil porque los ciudadanos se sienten cada vez menos representados por sus representantes; porque, nunca como hoy, los partidos han violado tanto las promesas electorales una vez en el poder; porque los mecanismos de prestación de cuentas son cada vez más irrelevantes; porque el mercado político (la concurrencia entre ideologías o valores que no tienen precio) está siendo absorbido por el mercado económico (concurrencia entre valores que tienen precio), volviéndose así sistemática la corrupción. Por estas razones, el poder político tiende a asentarse más en la resignación de los ciudadanos que en su consenso. A su vez, el multiculturalismo hegemónico es una respuesta débil porque es excluyente en su pretensión de inclusión: tolera lo otro, dentro de ciertos límites, pero en ningún caso imagina ser enriquecido y transformado por lo otro. Es, así, una afirmación de arrogancia cultural.

El tercer interrogante es el siguiente. ¿Cómo cambiar un mundo donde los quinientos individuos más ricos tienen tanto rendimiento como los 40 países más pobres o los 416 millones de personas y donde el colapso ecológico es una posibilidad cada vez más remota? Las respuestas dominantes son el desarrollo, la ayuda al desarrollo y el desarrollo sostenible. Son variantes de la misma respuesta débil, la de los problemas causados por el capitalismo se resuelven con más capitalismo. Presupone que la economía del altruismo no es una alternativa creíble en la economía del egoísmo y que la naturaleza no merece otra racionalidad si no la irracionalidad con que la tratamos y destruimos.

Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra (Portugal)

Àlex Tarradellas es miembro de Rebelión, Tlaxcala y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir libremente, a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

Noticia en portugués: http://www.ces.uc.pt/opiniao/bss/183pt.php

Rebelión, 02/09/07