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jueves, mayo 19, 2011

Soñando el futuro



Manifiesto acampada Sol, 18 de mayo de 2011

¿Quiénes somos?
Somos personas que hemos venido libre y voluntariamente, que después de la manifestación decidimos reunirnos para seguir reivindicando la dignidad y la conciencia política y social.
No representamos a ningún partido ni asociación.
Nos une una vocación de cambio.
Estamos aquí por dignidad y por solidaridad con los que no pueden estar aquí.
¿Por qué estamos aquí?
Estamos aquí porque queremos una sociedad nueva que dé prioridad a la vida por encima de los intereses económicos y políticos. Abogamos por un cambio en la sociedad y en la conciencia social.
Demostrar que la sociedad no se ha dormido y que seguiremos luchando por lo que nos merecemos mediante la vía pacífica.
Apoyamos a los compañer@s que detuvieron tras la manifestación, y pedimos su puesta en libertad sin cargos.
Lo queremos todo, lo queremos ahora, si estás de acuerdo con nosotros: ¡ÚNETE!
“Es mejor arriesgar y perder que perder por no haber arriesgado”
Más información:
Twitter: @acampadasol #acampadasol #spanishrevolution #nonosvamos
Facebook: Spanish Revolution.

martes, enero 25, 2011

Declaración internacional de apoyo a la Revolución tunecina


La Revolución tunecina es bella. De forma espontánea, sin directivas, sin organización, el pueblo tunecino se ha sublevado para derrocar a Ben Ali, un dictador que disponía de una máquina policial poderosa y con tentáculos, un dictador apoyado por todas las grandes potencias con el falso pretexto de que constituía un «muro contra el islamismo». Casi unánime, con «Fuera Ben Ali» como eslogan principal, el pueblo tunecino ha triunfado frente al déspota depredador que le gobernaba. En unas semanas de intensas movilizaciones impulsadas por el trágico sacrificio de un vendedor ambulante de una de las regiones más desfavorecidas del país, la historia de Túnez, y quizás la de todo el mundo árabe, se ha tambaleado.

Más allá de este primer éxito, sigue la movilización puesto que todo el mundo sabe que las principales instituciones instauradas por el presidente caído siguen funcionando. Contra las fuerzas de la normalización, las fuerzas del cambio exigen en primer lugar la disolución del Reagrupamiento Constitucional Democrático (RCD) que más que un partido político es un órgano de represión, vigilancia y clientelización. Todo el mundo sabe que sin una verdadera ruptura con las instituciones instauradas por el dictador, las capas populares que llevaron el movimiento revolucionario, y en particular la juventud, corren el riesgo de ser desposeídas de su victoria en el nombre de una transición sin choques que no otorgaría más que algunas mínimas concesiones de las reivindicaciones del pueblo, parecidas a las que Ben Ali ofrecía «generosamente» un puñado de horas antes de ser cazado por las poderosas manifestaciones populares. Todo el mundo sabe que los tunecinos no esperan ni una democracia de fachada ni en absoluto quieren una política económica dictada por la Unión Europea y las instituciones financieras internacionales, cuyo credo neo-liberal siempre conduce a más paro y miseria. No quieren, de ninguna manera, una política extranjera sometida a los intereses de las potencias imperiales y con prisas por terminar con la Resistencia palestina. Todo el mundo en Túnez sabe que la onda expansiva de esta Revolución en el conjunto del mundo árabe es una conquista formidable la cual suscita mucha esperanza y, en consecuencia, decepcionarla sería desastroso.

La experiencia histórica ha demostrado que, frente a dinámicas de esta amplitud, los poderosos del mundo entero, los que perpetúan la opresión y la explotación, no pararán hasta reducir su alcance, hasta cortarla de raíz y, si la amenaza persiste, destruirla con la violencia. En Túnez, como ha podido ocurrir en otros lugares, no dudamos de que algunos, empezando sobre todo desde el seno de los servicios de los Estados imperialistas, estén preparando la contra-revolución para reprimir la movilización popular de una vez por todas.

Esto es por lo que, nosotros, militantes, intelectuales, ciudadanos, comprometidos todos con la democracia y la justicia social, saludamos al pueblo tunecino y a su Revolución de la dignidad. Nosotros le brindamos nuestra solidaridad incondicional en sus esfuerzos por la profundización del proceso democrático así como nos comprometemos a estar de su lado para preservar sus conquistas y oponerse a toda tentativa contra-revolucionaria.

Sumarse al manifiesto: solidaritytunisia@gmail.com.
Vía: Les Indigènes de la république

jueves, agosto 19, 2010

Dos filmes franceses


Echo una mirada al cine francés reciente, el que llaman “novísimo”; una nueva generación de cineastas muy distinta a aquella de la nouvelle vague. He visto dos películas realizadas en 1999: Roberto Succo (Cédric Kahn, 2001) y Le petit voleur (Erick Zonca, 1999). Ambas tienen en común varias cosas: escudriñan el hampa y el crimen en provincias francesas; los personajes protagonistas son jóvenes desarraigados; el enfoque está despojado de cualquier juicio moral a la delincuencia.

La primera de ellas está basada en la construcción mediática de un delincuente que en los años 80 atemorizó a la población de la zona oriental de Francia. El joven había asesinado a sus padres en Italia, fue internado en un centro psiquiátrico, del que logró escapar, refugiándose en la costa francesa, donde estableció su centro de operaciones y conoció a una adolescente de Annecy que veraneaba allí. La construcción del personaje es fiel al relato periodístico, poniendo el énfasis en el carácter esquizofrénico, de etiología sexual, del protagonista, sin economizar medios expresivos para reconstruir los asesinatos y los asaltos a mujeres. Como dije, el caso de Roberto Succo tuvo un gran impacto en el imaginario francés de provincias, contribuyendo en alguna medida a la presión de la opinión pública sobre la institución judicial para que se protegiera a las víctimas y se considerara al verdugo un simple asesino a exterminar sin la más mínima justificación de sus acciones al amparo de su enfermedad mental. El dramaturgo Bernard-Marie Koltés escribió un texto teatral inspirándose en el personaje, cargando las tintas en contra de la institución familiar, cuya representación se vio envuelta en protestas populares que reclamaban el respeto a las víctimas, llegándose a cancelar sesiones en alguna ciudad de provincias para evitar males mayores. Esta película llega varios años después, cuando ya el recuerdo de aquellos hechos está más atemperado. Desconozco si aún provocó algún rechazo (sobre todo entre la población de los escenarios de los crímenes, en cuyo ambiente se llevó a cabo el rodaje).

Le petit voleur tiene por escenario la ciudad de Marsella. El protagonista es un adolescente desarraigado, rebelde, que entra en contacto con la pequeña delincuencia marginal de la ciudad, cuya actividad más señalada es desvalijar casas. El joven atraviesa una etapa de aprendizaje del oficio. Un trayecto iniciático del que se verá desencantado cuando las cosas se ponen mal para la banda y le acusan de chivato. Al final la experiencia resulta gratuita y dolorosa para el protagonista, viéndose éste obligado a volver al orden social y laboral del que se excluyó en su Orléans natal. Ahora el joven tendrá ante sí la oportunidad de volver a rebelarse pero dentro de un orden político.

En fin, las dos películas retratan a una especie de rebeldes sin causa que acuciados por su infierno familiar son lanzados hacia ninguna parte. El viaje termina para ellos de una manera, en el fondo, muy similar: el suicidio en un caso, el retorno al orden social, en el otro. La política aparece en un segundo plano. Succo se rebela contra el orden establecido, representado por el padre, la familia, la policía, para acabar sucumbiendo. El ladronzuelo lo hace contra el orden laboral, la explotación y el fracaso social anunciado, pero termina regresando ahí, después de un viaje de iniciación que casi le cuesta la vida.

lunes, mayo 26, 2008

Aquel Mayo del 68

A 40 años de la revuelta que dio un vuelco al capitalismo.
Ahora se recuperan memorias parciales de aquellos estallidos revolucionarios, en el trasfondo de una nueva crisis mundial de acumulación, agravada por el utopismo salvaje de especuladores sin escrúpulos.
Los medios de comunicación de masas nos devuelven, estos días, un recuerdo devaluado, despolitizado, una memoria reducida a revivir las bravatas de una juventud inconformista que reivindicaba en la calle otro estilo de vida (el de hoy), una libertad entendida como individualismo posesivo (Mcpherson, Martuccelli).
La juventud que se echó a las calles aquel mayo además de inconformista cultural y rebelde, se pronunció políticamente: contra el totalitarismo capitalista, contra la guerra fría, contra todas las cortapisas institucionalizadas y quiso, con su protesta, levantar los adoquines de una sociedad unidimensional.
Les Héritiers (Bourdieu y Passeron) habían alcanzado cotas de educación impensables quince años antes. La sociedad del trabajo parecía un mundo enloquecido y claudicante, bajo un régimen de producción alejado de las expectativas de los trabajadores. Las fábricas eran un réplica de las prisiones (Foucault), bajo la tiranía de la cadena de montaje.
Nueve millones de personas movilizadas en Francia: la mayor revuelta de la Europa desarrollada tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La huelga general más grande de la historia de Francia tuvo lugar en torno a esta fecha.
Luc Boltanski y Eve Chiapello han analizado las consecuencias de esta explosión popular y las lecciones que aprendió la gran burguesía de ella. Cómo desactivaron la disidencia política para extraer un "nuevo espíritu" del capitalismo; más individualista, más consumista y con mayores grados de libertad y autonomía en las relaciones sociales. Estos cambios tuvieron consecuencias para las identidades de los individuos: abandonar los proyectos colectivos, disminuir las dependencias del exterior social. Cuando Deleuze habla de "dividuación" expresa mejor que nadie las consecuencias sociales para el sujeto post-mayo 68. La flexibilización de las relaciones sociales tiene su contrapartida: un individuo más solitario, ocupado en su vida cotidiana de crearse la identidad que cree merecer. En la esfera del trabajo disminuye la rigidez vertical de la organización, el individuo entra en relaciones horizontales con otros individuos; su identidad como trabajador se resquebraja. Se inician proyectos de vida precarios, es el precio de la "libertad". La inseguridad invade a este individuo autónomo, que ahora va a necesitar el apoyo psicológico del experto, la medicalización de su vida, el cuidado de sí permanente.
En mayo de 1968 los movimientos sociales alcanzan su punto álgido en el mundo occidental. Pero a mediados de los 70 la crítica social decae en todo el mundo desarrollado. El capitalismo asume, de acuerdo con Bolstanski y Chiapello, las transformaciones impulsadas por la ola de rebeldía; el principio de acumulación sirve como autojustificación y convergencia con los movimientos críticos del capitalismo, encontrando en ellos el modo de garantizar su supervivencia.
En 1970 el sociólogo Michel Crozier presintió que las críticas anti-institucionales desarrolladas por el movimiento de mayo 68, una vez despojadas de sus referencias revolucionarias, podían abrir el camino a una sociedad más liberal, situando el mercado en un lugar mucho más importante que en el pasado.
El nuevo espíritu del capitalismo asume las propuestas emancipadoras e igualitarias en su propio provecho: el antiestatalismo de las nuevas corrientes de izquierda en los años 60-70 supuso la renuncia al Estado de bienestar y favoreció un alineamiento con las tesis anti-Estado del liberalismo.
Boaventura de Sousa Santos ha visto en esta absorción de reivindicaciones emancipadoras el agotamiento del paradigma de la modernidad. Todos los espacios sociales han sido ocupados por la regulación antiemancipatoria. Vivimos en una sociedad agotada por el exceso de regulación, por el peso insufrible de una "razón indolente" que atenaza nuestras vidas. Necesitamos abrir nuevos caminos a proyectos liberadores.

martes, octubre 09, 2007

40 años del asesinato del CHE

De la revista electrónica "Sin Permiso":
Un muerto que no para de nacer: en el cuadragésimo aniversario de la muerte del Che
Raúl Zibechi

Lejos de la opción ideológica o del "consumismo burgués", a 40 años de su muerte, para una porción significativa de jóvenes el Che parece representar la resistencia al conformismo.
Tiene sólo 20 años y ninguna camiseta con la imagen del Che en su ropero. Pero cuando tuvo que concurrir al programa de tevé Locos por Saber representando a su liceo, se decidió por el desafío. Pidió prestada una remera con la emblemática imagen a un amigo y se presentó con su mejor sonrisa ante las cámaras. "Fue por rebeldía", razona Yamandú. "El programa lo auspicia la secta Moon…". No hace falta dar más detalles. En las culturas juveniles las palabras sobran y las imágenes no necesitan explicaciones. La contundencia del gesto de Yamandú lo dice todo.
Entre los jóvenes la imagen del Che aparece asociada a una concepción mestiza de rebeldía, alejada de cualquier filiación política u opción partidaria. Quizá sea Maradona, con su Che tatuado en el hombro que enseña con desafiante orgullo, el mejor ejemplo de esa rebeldía espontánea lindante con el desafío. Para quienes suelen leer la vida en clave ideológica, ese mestizaje resulta incomprensible; condenable por ecléctico, poco sólido, incoherente. Sobre todo cuando la efigie del guerrillero parece intercambiable con la de personajes como Bob Marley, otro icono habitual de laos decorados juveniles, con quien comparte un aura de provocación y rechazo al doble discurso.
Maxi, 22 años, estudiante de sociología, tiene por el contrario una visión diferente del personaje que en forma de pegotín luce en su matera. "Es el símbolo de la revolución, de la entrega, del sacrificio por una causa", explica en un lenguaje que no ahorra conceptos. Este caso representa una inequívoca construcción que hace de la coherencia su razón de ser. Aún así, Maxi combina la ideología con los afectos, una combinación que se ha mostrado imbatible en el imaginario juvenil.
Entre ambos extremos, por decirlo así, viven muchos Che: desde la chica que enfatiza en la "estampa", hasta el "porque sí" incrédulo que no entiende porqué haría falta una lógica que explique un gusto, una opción estética o una afinidad política. Ahí radica, quizá, la fuerza de la imagen que Ernesto Guevara trasmite a generaciones que no vivieron el clima de confrontación de los sesenta y los setenta, pero tampoco conocen detalles de la vida del guerrillero, más allá del constante "murió peleando" o "dio la vida por sus ideas" que repiten unos y otras. Puede sospecharse, aunque es difícil encontrar quien lo formule de ese modo, que el Che es sentido como un héroe, más cultural que político, en el sentido partidario del término. De ahí que en tantos lugares aparezca junto a otros "héroes" vinculados a la música y al deporte, en general varones que vivieron a contramano de lo establecido.
En todo caso, preguntar a los jóvenes por razones a la hora de saber los motivos de una elección –como hizo este cronista- es casi herejía que se paga con indiferencia. El historiador peruano Alberto Flores Galindo observa en su país cómo la imagen del Che acompaña a las estampas del Señor de los Milagros o a la Virgen del Carmen. Concluye que se trata de "la reelaboración de un personaje histórico desde la cultura popular", lo que explica que se lo emparente con vírgenes y santos, y no de una herencia de los sesenta como en ocasiones se pretende. Quizá esa reelaboración popular explique porqué en el Río de la Plata, el Che aparece en las tribunas donde las barras bravas agitan banderas manyas o tricolores. Qué otra cosa podría ser el Che en estos pagos sino un icono asociado al fútbol.
Si fuera cierto que estamos ante una reelaboración popular-juvenil de un mito, asentado en un personaje histórico que en sólo cuatro décadas sobrevuela invicto desde la crisis del socialismo real hasta la dificultad de las izquierdas a la hora de cambiar el mundo, sólo sería comprensible desde el interior de esa cultura, desde sus códigos, modos y formas de vivir el presente. Es en este sentido que la expansión de la iconografía del Che no puede sorprender a nadie. ¿Podrían acaso los jóvenes mitificar algún futbolista cuando asistimos al estrepitoso fracaso del principal deporte nacional? Dicho de otro modo, ¿hay algo de heroico en nuestra sociedad, en sus gobernantes, en sus intelectuales, en sus artistas, que merezca convertirse en icono, en representación de los sueños de los adolescentes? Mientras esto siga siendo así, y quizá aún aunque cambie, la imagen del Che seguirá sonriendo en el imaginario juvenil.


Raúl Zibechi es un analista político uruguayo que escribe en diversos periódicos latinoamericanos de izquierda, como el uruguayo Brecha y el mexicano La Jornada

Alai, 6 octubre 2007

sábado, abril 09, 2005

Poder

El poder se construye y se expande sobre montones de cadáveres. La magnitud de un poder es proporcional a la altura que alcanza una montaña de cuerpos despedazados.
Una masa de vivos sometidos por un tirano se corresponde con una masa de muertos.
Sólo la reversión y la rebelión ponen fin a la tiranía. La masa sometida se metamorfosea en masa revolucionaria. La máscara del poder se hace trizas y aparece, descarnada, la muerte.
El movimiento es incesante: a rey muerto, rey puesto. Con la muerte del soberano, la masa deviene pueblo; reina la igualdad y la fiesta estalla por doquier.
Pero esta situación es transitoria, liminar. La autoridad sale escarnecida y maltratada. Hay reyes que antes de tomar posesión de su poder sufren un calvario a manos de sus súbditos. Es el rito iniciático del poder.
El poder sólo puede imponerse a la masa si previamente ha sido degradado, suprimido en los espacios intersticiales.
La nueva entronización reanuda la acumulación de cadáveres en cuanto el pueblo vuelve a diluirse en la masa.
Eterno retorno del poder. Rey depuesto/rey puesto, reino de los vivos/reino de los muertos.
Basado en "Masa y poder", Elías Canetti.