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lunes, junio 11, 2007

Euskal Herria necesita avanzar hacia un futuro de paz


La decisión de ETA de poner fin a su "alto el fuego", la supresión del derecho de sufragio de una parte de la ciudadanía vasca, la prohibición o ilegalización de proyectos políticos menos complacientes con el statu quo vigente en España, la ofensiva cerril de la derecha conservadora y neofranquista española o el obcecado empeño de los medios de comunicación por propagar la desconfianza y la desesperanza ante las perspectivas de paz en Euskal Herria, son, todos ellos, elementos que contribuyen a alejar el ansiado final dialogado de la violencia en este país y prolongar, más allá de toda razón, el sufrimiento y el conflicto dentro y fuera del País Vasco. Cerrar las puertas al diálogo es volver atrás, a situaciones ya vividas. No cabe otra salida que la búsqueda de una resolución pacífica del conflicto, sin exclusiones y sin trampas. En un sistema verdaderamente democrático ninguna opción política o ideológica debe estar al margen de la vida cívica y ciudadana.
Un grupo de militantes del Partido Socialista Obrero Español se ha dirigido por carta al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para que mantenga abiertas "las puertas y ventanas a la esperanza y a la paz":

La ruptura de la tregua por parte de ETA, la entrada en prisión de De Juana Chaos, la de Otegi... convierten esta carta en un urgente y dramático llamamiento.
a) No ceder al chantaje de ETA (desde la cordura, el valor y la inteligencia) es asumir que la solución del problema de Euskadi pasa por Euskadi. Que hay que tender puentes y hablar con todas las partes implicadas; empezando por el PNV, sin olvidarse de Batasuna (que busca y necesita hallar una salida), para terminar con el PP (por lo que representa).
b) Ilegalizar Batasuna e impedir que participe electoralmente y en las instituciones, es en el fondo una falta de autoestima y una muestra de debilidad, es una falta de visión y de autoridad que sólo sirve para reforzar al núcleo más duro de ETA. Y sólo le servirá a Zapatero para entregarle a Rajoy (en bandeja de plata) la llave de La Moncloa.
c) Con Franco y desde hace ya 40 años, todos los gobiernos han intentado acabar con ETA (y ninguno lo ha conseguido) mediante la estricta aplicación de las leyes. ¿Qué leyes? La actuación de las fuerzas de seguridad en defensa del Estado de derecho no acabará con el cáncer del terrorismo mientras persistan las causas sociales y políticas que lo retroalimentan.
d) Salvando todas las diferencias entre Euskadi e Irlanda del Norte. Tony Blair propuso “el cese de la violencia y la negociación sin condiciones” con el IRA para alcanzar la Paz. Gerry Adams recogió el guante. Ian Paisley y Martin Mcguinness son capaces de gobernar juntos, dando un ejemplo de realismo y cordura...
Si todo esto ha ocurrido y ocurre en Irlanda del Norte, ¿qué clase de maldición bíblica pesa sobre España y Euskadi? ¿Qué clase de políticos tenemos? ¿Por qué no superan su mediocridad, sus odios atávicos y sus mezquinos intereses? ¿Por qué no alcanzan los debidos acuerdos a fin de lograr y consolidar la Paz necesaria.

viernes, abril 07, 2006

Kafka, ¿quousque tandem?

Josef K. vivía en un Estado de derecho, en todas partes reinaba la paz, todas las leyes permanecían en vigor, ¿quién osaba entonces atropellarle en su habitación?

Cuando se tramó el operativo contra la Fundación Zumalabe, ETA estaba en tregua. Cuando se produjeron las detenciones, un año y medio después, se acusaba a los amigos de K. de transmitir a los movimientos sociales las órdenes de ETA para subvertir el Estado mediante la desobediencia civil. Josef K. comparte sala, además, con personas acusadas de publicar un periódico o por trabajar por la construcción nacional y social, hasta por importar bacalao por mandato de ETA.

En fin, somos culpables conforme a un peculiar tipo penal: la pertenencia o colaboración inadvertida. No se juzgan hechos sino personas u opiniones: es el derecho penal del enemigo.

* No hay ningún error. El Organismo para el que trabajamos no se dedica a buscar la culpa en la población, sino que se ve atraído por la culpa y nos envía a nosotros, a los vigilantes. Eso es la ley.

* No conozco esa ley dijo K. Pues peor para usted dijo el vigilante. Sólo existe en sus cabezas dijo K. Ya sentirá sus efectos respondió el vigilante.

Todo esto es tan absurdo que parece un sinsentido. Pero, ¿seguro que es tan absurdo?, preguntaría el vigilante. Sí, pero se trata de un absurdo nada inocente, ya que tal atropello busca amedrentar a la gente para que no salga de sus casas, busca abortar la disidencia difundiendo el temor en el seno de las posiciones críticas y rebeldes, busca destruir el rico y plural tejido social vasco, busca impedir un futuro libre, justo y en paz para nuestro pueblo, contestaría K.

Pero si le damos la vuelta, apostilla Josef K., llevamos años escuchando que la sociedad civil debe participar más en la vida social y, por el contrario, ¡zas!, doce personas son procesadas por su activismo social en los movimientos sociales y cien personas y organismos son criminalizados en el mismo auto judicial. ¡Hasta nos enteramos en una de las sesiones del juicio de que los Núcleos de Intervención Participativa esos procesos participativos y de diálogo conocidos como NIP, impulsados por las instituciones están también en la trama de ETA! ¡Toma ya! Las Agendas 21 estarán temblando a estas alturas. Todo es ETA.

* Tampoco alardee tanto de su inocencia, estropea la buena impresión que da.

Es verdad. No tendríamos que ser nosotros quienes tuviéramos que estar justificando nuestra inocencia. Tendrían que ser los acusadores, los vigilantes, quienes deberían demostrar sus acusaciones. Estamos por tanto ante una presunción de la culpabilidad, que no ante la presunción de inocencia advertiría acertadamente K.

* Usted está detenido, cierto, pero eso no le impide cumplir con sus obligaciones laborales. Debe seguir su vida normal.

¡Vida normal!, dice usted. Pero aquí nos tienen desde el día siguiente al 20-N. 500 kilómetros para arriba y 500 para abajo, como si fuéramos un ascensor, que diría K. Somos rehenes y nos tienen como si estuviéramos en un tercer grado, pero al revés: por la mañana y la tarde, en el juicio; pero por la noche no dormimos en la Audiencia.

Y lo que nos queda.

* Debe ser un delito grave. Pero como está en libertad no ha podido cometer un delito semejante.

Por las calles de Madrid cincuenta etarras peligrosos transitan en libertad con peticiones que suman centenares de años de prisión.

* Bien dijo el juez instructor, hojeó el libro y se dirigió a K. con un tono verificativo: ¿Usted es pintor de brocha gorda?

No dijo K. , soy el primer gerente de un gran banco.

¡No se rían, silencio! ¡Los acusados no abran la boca! ¡Cállense y punto! ¡No nos interesan los motivos por los que no quiere contestar al fiscal! se vocifera una y otra vez a los amigos de K.

* No digo que sea un procedimiento caótico, pero le ofrezco esa designación para que tome conciencia de su situación.

La situación, verdaderamente, es kafkiana. El juicio es kafkiano. Un Estado que persigue así a los movimientos sociales es kafkiano. Un Estado que continúa uncido ciegamente a la noria del pasado es kafkiano. ¿Hasta cuándo «el proceso»?

¿Quousque tandem? Noiz arte? M. Zuluaga, F. Olalde, S. Ormazabal, I. O shea, C. Trenor, M. Zubiaga, A. Frías, O. Altuna y M. Aznar.

(Basado en El Proceso de F. Kafka, un verdadero manual de instrucciones para interpretar el juicio 18/98).

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